Lo Espiritual
Santiago, 8 de Agosto de 2005
“Lo espiritual no se define por el tipo de acción, sino por la conciencia y actitud que ponemos en lo que hacemos. Se trata de vivir cada momento en total presencia espiritual, mental, emocional y física, entregándonos y atrayendo nuestra atención y potencia interior a cada acto dando calidad incluso a aquello que consideramos nimio como caminar al metro, manejar, cocinar, trabajar”
Nacemos con una palabra escrita a nuestras espaldas, la cargamos casi como un bulto que muchas veces arrojamos para sentirnos más livianos y…vacíos. Espiritualidad. Nuestra sociedad la ha subyugado a prácticamente una meta que alcanzas cuando eres viejo y ya posees una mirada retrospectiva de la vida o como una situación que solo algunos pueden acceder, ya sea por privilegio, estatus socioeconómico o virtud o simplemente son filósofos o humanistas y ese es su trabajo. Volvemos a caer en el juego de la designación absolutista de cada uno con su profesión, cada uno con su vida, su camino, sin haber una conexión real con el mundo, sin alternativas, ni relaciones con otros caminos y/u oportunidades.
Debemos partir por suprimir una brecha que nos separa y nos diferencia entre nosotros y la situación misma. Como por ejemplo, el otro día escuchaba a una distinguida figura de la televisión sobre la importancia de crear políticas y conciencia medioambiental en Chile, se refirió reiteradas veces a “ayudar al ecosistema, ayudar a los demás”… a los demás. En realidad me hubiera gustado escucharlo decir “quiero ayudarme a vivir mejor y en un lugar mejor”. De ahí debemos partir, en darnos cuenta que el hecho que contaminemos nos afecta directamente a nosotros, y dejarlo de ver como algo tan lejano y difuso. No como un favor que le hacemos al mundo, sino un favor enfocado a nosotros mismos. Esto puede aplicarse en casi todos los ámbitos de nuestra existencia.
Lo espiritual nos habla como un modo de vivir y relacionarse con todo ser manifestado, colaborar a diario por concretizar valores que muchas veces parecen tan fugaces y aplastados por el materialismo y pseudos valores que nuestra sociedad nos inculca como forma de esclavizarnos ante la resignación. Nací así, soy así, no puedo cambiar, ni hacer nada al respecto.
Debemos renacer lo espiritual como forma básica de vida, como sustento. Aprender a jerarquizar las cosas y no agobiarnos con un montón de trivialidades y éxitos apresurados, como diría un viejo profesor “puro chamullo barato”.
Saber canalizar nuestras ideas a través de una trascendencia pura de nuestro emocionar, de nuestra razón, buscar y encontrar ese punto casi místico donde todo está en equilibrio y en armonía. Aquel punto donde nuestra mente trabaje junto al corazón, donde lo espiritual valla de la mano con lo racional, llegar a ese punto final donde hasta los más grandiosos filósofos convergían.
©Carla Paola Ángela López Contreras


